domingo, 15 de marzo de 2020

Valorar lo simple y sencillo


Esto del coronavirus... ha traído muchas cosas:
- Suspicacias mil (una conspiración de Occidente contra China, un intento más de aniquilar vida humana, un simple ensayo farmacéutico que por alguna razón se descontroló,...).
- Miedos (a morir, a pasarlo muy mal, a lo desconocido, a quedarse sin comida... o sin papel higiénico -sí, sí, ríanse-,...).
- Chistes y memes sin cuento (tanto tiempo en casa... da para mucho: comer y volver a comer, mucha tele, mucho tiempo en las redes sociales, mucho pasear al perro cuando antes apenas lo sacábamos,...).
- ...
También ha traído sabias reflexiones, pensamientos expresados en voz alta, sentimientos y gestos de gratitud hacia quienes trabajan a diario por la buena salud de todos, más tiempo dedicado a la familia: hijos, pareja, abuelos,...
Y sobre todo... ha hecho que el mundo se pare o se ralentice todo aparcando esa marcha frenética del día a día que devoraba TODO, todo lo bello, lo auténticamente humano, lo que sólo se puede saborear cuando hay quietud interior y sobre todo paz en el espíritu,... Echen un vistazo a lo anterior: siempre corriendo, haciendo mil cosas,... cuando bien pocas son realmente imprescindibles que acababan llevándose la mayoría de nuestro tiempo y la oportunidad de ser uno con nosotros mismos (entre tantas carreras íbamos dejando atrás nuestro yo más auténtico, no podía seguir el ritmo que el sistema estaba imponiendo).

Una oportunidad.

Esto es, ¡una oportunidad!. Eso está suponiendo la aparición de este virus.
¡Cuántos se sorprenden de que las redes sociales, el whatsapp por ejemplo, sirvan ahora para algo más que para aislarnos de nuestro entorno más cercano! y ahora:
  1. nos invitan a la solidaridad con el personal sanitario a través de esos aplausos vespertinos;
  2. o para vernos las caras asomados todos en nuestros balcones y ventanas cuando antes no sabíamos si acaso esa vivienda estaba habitada o no;
  3. para descubrir que quienes antes se cubrían con nuestro mismo techo tenían cosas que decirnos y a quienes les importaba lo que pensamos y sentimos;
  4. nos escuchamos, dejando que el tiempo pase tranquilamente escuchándonos porque... ya... la limpieza de la casa se hizo, ya comimos,... no hay que ir a ninguna parte corriendo,...
  5. desempolvamos el tablero de parchís, la baraja de naipes, el trivial, los "juegos reunidos...",... y las risas y complicidad volvieron a llenar de música las paredes del hogar.
Y sobre todo es una oportunidad para confrontarnos a nosotros mismos: ¿Me llenaba el modo de vida que llevaba antes?, ¿qué he dejado caer por el camino y he dejado que los demás también lo pierdan?. ¿Qué es lo realmente auténtico, qué vale la pena rescatar, qué recuperar,...?. ¿Qué quiero hacer con mi vida y con quienes están ahora conmigo?. ¿Cómo andar el sendero de la felicidad?...
Hemos recuperado el TIEMPO para nosotros mismos.

¿Ya te viste?, mira a ver qué harás.

No dejemos escapar la oportunidad. Ya hemos reparado en cosas que estaban ahí pero creíamos que no estaban; y al revés: hemos descubierto otras que creíamos afianzadas... pero estaban cayéndose a trozos o habían dejado de existir... y ahora necesitan regresar a la vida pero a una vida auténtica.

Piensa en tu relación de pareja, en tu matrimonio,... o en esa vida de soltero, viudo/a, divorciado/a o separado/a,... ¿de qué quieres que esté llena?, ¿qué desterrar de esa vida y cómo lo vas a hacer?, ¿qué le va a dar vida a esa vida?, ¿cómo lo vas a hacer?.

Piensa en tus hijos y plantéate: ¿Qué piensan, sienten qué necesitan para sí mismos y su relación contigo?, ¿cómo les has acompañado hasta ahora en su proceso de crecimiento personal en todos los órdenes: físico, intelectual, espiritual?, ¿cómo te propones hacerlo a partir de ahora?.

Piensa en el resto de tu familia, especialmente en tus padres, tus mayores: ¿Qué esperan de ti, qué necesitan de ti?, ¿qué diferencias vas a hacer respecto del "antes" y el "ahora y después"?, ¿cómo vas a convertir en realidad lo que ves que es necesario para ellos, para ti y la relación entre ambos?.

Piensa en tus amistades, todas,... porque en toda persona anida el deseo profundo de felicidad y esa felicidad sabemos todos cómo se construye; no hay personas malas, sólo hay corazones aterrados que necesitan ser redimidos. ¿Qué querrías rescatar en tu relación con ellas?, ¿cómo vas a construir o seguir construyendo esas relaciones de amistad de una manera sana, constructiva para todas las partes, abierta, libre e incondicional?.

Y, sobre todo, piensa en ti: ¿Cómo estás?, ¿cómo te sientes?.
Deja un punto y aparte -como en este escrito- y concédete el privilegio de viajar a tu interior y que esas dos preguntitas calen dentro y hagan eco en tu ser. Acoge las respuestas que halles, no las juzgues, sólo acógelas, acéptalas tal como las descubres, ámalas... porque hablan de ti, te hablan a ti.
Escucha también tus deseos más profundos, aquéllos que subyacen a todo y que son los que orientan e iluminan tu vida; acoge sus llamadas, dales respuesta o inténtalo al menos,... y si necesitas la ayuda de quienes a tu lado están para ser tú mismo, tú misma,... hazlo porque... "sólo tú puedes hacer tu papel, los demás ya están repartidos y cada cual tiene el suyo" y necesitas primero ser tú, ser una persona entera, íntegra para poder ser unidad también con los demás.

Santi Catalán

PARA LA REFLEXIÓN Y EL DIÁLOGO EN FAMILIA:
  • ¿Qué mensajes de los recibidos a través del whatsapp u otras redes sociales nos han llegado o nos han impactado más y por qué?. ¿Qué pensamientos y sentimientos han producido en nuestro interior?.
  • ¿Cómo era nuestra vida familiar antes del coronavirus?, ¿cómo está siendo ahora?. ¿Qué pros y contras encontramos?.
  • ¿Qué hemos descubierto de valioso en estas circunstancias?, ¿cómo revitalizar eso que hemos hallado como realmente importante?.
  • ¿Qué haremos cuando ya no haya "alerta" y todo vuelva a la "normalidad"?. ¿Qué creemos que necesitamos que sea lo "normal" en nosotros mismos y en nuestras relaciones familiares?. ¿Cómo lo vamos a conseguir?,  ¿a qué se puede comprometer cada uno para lograrlo?.

1 comentario:

  1. Me preocupa el C19
    Creo que hay que cuidarce.
    Creo que hay que informarce.
    Pero el exeso de información te trae dudas y miedos.
    La información que recibo muchas veces rompe la cadena de la esperanza y, por ello genera mucha decesperanza.
    Sin embargo este C19 tiene algo que puede ser bueno y es que las personas nos preocupemos unos de otros en todos los momentos de nuestras vidas: en la Familia, la Escuela,el Trabajo,las organizaciones sociales y religiosas-
    Sí lo conseguimos, habra una nueva Revolución:
    Se necesitaria solidaridad, vernos cara a cara, hablar o dialogar,
    Pensar que me importa los demás piensan y sienten;
    Limpiar lo viejo para que nada impida lo nuevo: no hay que ir a ninguna parte corriendo,...
    desempolvamos el tablero de parchís, la baraja de naipes, el trivial, los "juegos reunidos...",... y las risas y complicidad volvieron a llenar de música las paredes del hogar.

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