martes, 1 de octubre de 2019

7 cosas que pueden arruinar la vida de un joven

Los adolescentes pueden caer en comportamientos daniños o adictivos por varias presiones, malos ejemplos, falta de amor...

BJ Foster es un padre de familia con experiencia en el trabajo con adolescentes que escribe en AllProDad.com, una web especializada en paternidad, específicamente en la de los varones padres. Una y otra vez, la web invita a los padres a detenerse un momento y revisar qué están haciendo bien, qué pueden mejorar y qué peligros acechan a los hijos.
Muchachos que quizá no habían dado problemas en la infancia, pueden entrar en  la adolescencia en comportamientos dañinos de forma estable.
BJ Foster avisa: “Si ves que tus hijos empiezan a comportarse mal de forma estable, estas podrían ser las razones, las 7 cosas que llevan a los chicos por el mal camino”.

1. No se sienten amados por sus padres.
“No hay nada que haga que un chico se sienta más solo y perdido que no saberse amado incondicionalmente por sus padres. Deja un dolor profundo y tratan de hacer algo para aliviarlo. Pueden intentar adormecerlo con drogas, alcohol o violencia. En cualquier caso, esa emoción seguirá dañando y si no se sana de alguna forma continuará latiendo con fuerza”.

2. No reciben una atención positiva.
Los chicos piden atención y harán cualquier cosa por conseguirla, y si no consiguen atención buena buscarán al menos atención mala (haciendo cosas malas que escandalicen o indignen a los mayores) porque no hay nada peor que no recibir atención de los demás. Sin atención, sienten que la vida no tiene significado ni valor.

3. Sienten que no encajan.
Los adolescentes a menudo se sienten diferentes, extraños y aislados. Eso les puede crear ansiedad, ira y baja autoestima. Los chicos en esta situación pueden tender a aislarse aún más, llegando a la depresión y un riesgo de autolesión. Pueden actuar exageradamente de forma similar a cuando sienten que no les quieren sus padres. Y podrían integrarse en un grupo de amigos que sean mala influencia para ellos.

4. Su grupo de amigos son un mal modelo.
La gente que nos rodea nos moldea, y eso, que es cierto para todos, lo es más para los niños y adolescentes. Si siguen saliendo con amigos que son una mala influencia, pronto pasarán a hacer las cosas malas que les ven hacer a ellos.

5. Sus padres dan mal ejemplo.
Más influyentes que los amigos son los padres. A un joven le afecta lo que los amigos dicen, pero le afecta más lo que ve hacer (no decir) a sus padres. Además, si los padres se implican en un comportamiento irresponsable, los chavales van a sentir que viven en un entorno inestable. Sin cimientos firmes y sin estructura, se sentirán como plumas llevadas por el viento. Puesto que nadie les pone fronteras reales, entrarán en territorios peligrosos.

6. Los padres son inconsistentes en sus reglas o son agobiantemente estrictos.
Los adolescentes necesitan límites, pero han de ser claros y tener consecuencias prácticas. Si rompen una regla y no se les penaliza de alguna forma, pensarán que las reglas no son importantes, no son reales,  y volverán a sentir esa inestabilidad.
El otro extremo es el de los padres que no muestran ninguna comprensión por el chaval y todo lo reducen a reglas y normas y penalizaciones. El hijo piensa que cada vez que le hablan es para regañarle o sermonearle, y que nunca se le escucha. Eso produce en él acritud y rebelión.

7. Los chicos no saben como gestionar la presión.
Los estudios pueden producir mucha presión en los chicos, igual que las relaciones, las presiones en actividades como el deporte, las expectativas de los padres, de otros adultos... y hay varias formas poco saludables en las que pueden intentar adormecer esa presión. Pueden ser las drogas, el alcohol, los desórdenes alimenticios (anorexia, bulimia), las relaciones sexuales y la pornografía o las autolesiones cortándose o causándose quemaduras.

Un padre debe estar alerta ante posibles señales de que esto esté sucediendo.
“Proporciónale un ambiente seguro y escúchale mucho”, exhorta BJ Foster. “Necesitan tu guía amable. Actúa pronto y a menudo. Y asegúrate de que tu hijo sepa que tus acciones vienen motivadas por tu amor por él”.

PARA LA REFLEXIÓN Y EL DIÁLOGO:
DINÁMICA:
En casa:
  1. ¿Qué conclusiones obtenemos tras la lectura de este artículo?.
  2. ¿Con cuáles de estas 7 cosas que el autor señala nos identificamos más o vemos que se ven en nuestra propia familia?. ¿Qué otras señalaríamos y que aquí no vienen retratadas?.
  3. ¿Cómo puedo ponerme de acuerdo con mi pareja para ayudar a nuestros hijos a salir de esa situación que puede arruinar su vida?.
  4. ¿Qué estamos haciendo nosotros, yo mismo, para que no estemos dando el ejemplo que debiéramos a nuestros hijos?, ¿cómo ser más coherentes?.
En reunión con otros padres/madres:
  1. Aparte del saludo/bienvenida a todos los presentes, hacer una breve reseña del tema del cual se habló en la última sesión presencial y de las conclusiones a las que se llegaron.
  2. Después de esto, hacer lectura en gran grupo del artículo y abrir un diálogo en el cual los participantes hablen sobre "las conclusiones a las que llegan tras esta lectura".
  3. Reunidos después en pequeños grupos se invita a que respondan a las siguientes cuestiones:
    • ¿Qué otras cosas pueden también arruinar la vida de nuestros hijos y que aquí no vienen retratadas?.
    • ¿Cuáles pueden ser las causas de que se estén produciendo todas esas cosas que arruinan su vida?.
    • ¿Cómo se podría hacer frente a esas causas y erradicarlas?.
    • ¿Qué ayudas creemos necesarias para lograr el éxito en ese proceso de rehabilitación personal y familiar?.
  4. Puesta en común de las conclusiones a las que llegó cada uno de los grupos y diálogo-debate para llegar a conclusiones claras.
  5. Reflexión personal: En ella cada padre/madre piensa en una actitud que se propone llevar a la práctica en su hogar, con su familia, y un compromiso concreto personal a llevar a cabo con sus hijos y con su pareja para poder hacer frente a la situación que se quiere afrontar para transformarla en algo positivo.

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